Laura López Alzate
Periodista U-235
Enfrentarse a hacer miles de llamadas para que un paciente del Sisben remitido lo recibieran en un hospital de segundo o tercer o nivel, atender muchos pacientes cuya salud estaba en las manos del médico general. Estas situaciones fueron algunas de las que Beatriz Orozco Orrego, estudiante de medicina de la Universidad de Antioquia, tuvo que vivir en su mes de internado conocido como “ruralito” en el Hospital María Auxiliadora de Chigorodó en Urabá y que le permitieron fortalecerse como persona y profesional.
Relacionar la salud pública con la clínica a través de la Atención Primaria en Salud (APS) entendiendo ésta como una estrategia cercana a la población, es la capacidad que según Fernando Giraldo, profesor de medicina de la Universidad de Antioquia, deben desarrollar los estudiantes de este campo en “el ruralito”, que es un mes del año de internado en donde se enfrentan a los retos y dificultades que tiene un hospital de primer nivel.
“Recuerdo mí primer día, me demoré mucho en la consulta explicándole a una mujer los métodos de planificación que habían, pero la paciente estaba distraída y no me ponía atención. Ahí me dí cuenta que por la cultura de esta comunidad a la gente no le interesaba educarse sino que les recetaran lo que necesitaban. Y es que por la falta de educación era difícil para mí explicarle a una madre qué era una neumonía en su hijo”, rememora Beatriz Elena Orrego Orozco, que en octubre terminó su primera parte del internado.
De acuerdo con Juliana Trujillo Gómez, estudiante de medicina de la Universidad de Antioquia y que realizó su primera etapa del internado en el municipio Necoclí, la experiencia fue excelente en todos los sentidos porque se enfrentó a los problemas de una comunidad con muy pocos recursos y tuvo que aplicar de manera directa las estrategias para la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.
El médico no puede solucionarlo todo
Esta práctica, dice el profesor Giraldo, también les enseña a que el médico “no puede solucionar todos los problemas de la comunidad”, a pesar de que esta sea su ilusión. Se debe trabajar en forma interdisciplinaria con otras áreas como son trabajo social, enfermería, epidemiología, sector público, político, educativo, agrario y privado.
“Uno interviene como médico pero la salud hay que protegerla y conservarla ya que después suceden casos como el del niño con enfermedad diarreica aguda que se va muy bien del hospital, vuelve a consumir la misma agua no potable y recae. En ese trabajo que debería ser interdisciplinario es donde uno a veces se ve solo. En las brigadas de salud va el médico, auxiliar, vacunadora y el odontólogo, sin embargo, la representación de los otros sectores como vivienda, saneamiento básico y alcantarillado están ausentes”, expresa Orrego.
Chigorodó, describe la estudiante Beatriz, habían muchos niños que empezaban su primaria a los 12 años, mujeres con baja autoestima, muchos embarazos en adolescentes a pesar de los múltiples programas de planificación que se hacían. Es un aspecto de carácter cultural.
“Con los programas que se realizaron se logró avanzar en que las mujeres ya buscaban planificar, incluso las madres ahora también llevaban a sus hijas adolescentes de 12 años, porque ellas ya asumen la cultura a la que están expuestas y aceptan esa realidad de una relación sexual temprana y por eso prefieren protegerlas de un embarazo”, resalta Orrego Orozco.
Y así, de historias que ahora hacen parte de los recuerdos, Beatriz Orrego y Juliana Trujillo aprendieron que a todos los programas de salud hay que ponerles su toque de sensibilidad y humanidad.
Por eso como manifiesta el profesor Giraldo: “tenemos que pensar en un nuevo sistema y en profesionales, que además de saber tratar una patología, entiendan que hay que cambiar esa visión asistencialista de la enfermedad, por una visión más de promoción de la salud y prevención de la enfermedad”.
Elsa María Villegas, jefe del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, concluye que “además es indispensable articular estas acciones con otras de mayor complejidad cuando las requieren los individuos, las familias y las comunidades porque la APS no puede reducirse al primer nivel de atención”.

