El silencio al ver manzanas completamente devastadas, personas sin nada, saber que en cualquier momento se puede perder todo, no solo en lo material sino quedarse hasta sin familia, entender el significado de la palabra desesperanza y ver una situación en la que el hombre no puede intervenir y es impotente.
No lloraban sus construcciones porque son personas desapegadas de lo material por lo poco que tienen y no se ve a nadie sentado en una esquina pidiendo dinero porque el del lado es más pobre aún.
Estos fueron los sentimientos y percepciones de Luz Jeannette Mejía Chavarriaga, egresada y docente del Departamento de Geología de la Universidad EAFIT, cuando realizó los primeros recorridos en diversos sectores de Haití, para analizar las condiciones técnicas en las que se encontraban las viviendas y determinar si era habitable o no y la seguridad del terreno.
Esta labor la realizó desde el 24 de enero y por un mes como miembro de una comisión enviada por la Corporación Antioquia Presente que tiene experiencia en todo el manejo pos desastres, se creó a partir del sismo de Armenia y la Universidad EAFIT hace parte de este organismo.
“Siempre recordaré a Haití como el país de las cometas, porque los niños jugaban con éstas que eran de bolsas, en medio de familias encimas de los escombros, en un albergue, entre cuatro palitos y una sábana. Al ser una región caribeña tiene vientos todo el año, por eso nunca faltaron en las caminatas estos objetos volando y en aquellos momentos me asaltaba la sensación de que existía esperanza, otra oportunidad más allá del cielo”, expresa la geóloga con los ojos aguados de emoción al darse cuenta con esta experiencia que su estudio de tantos años fue puesto al servicio de una comunidad que nunca imaginó poder ayudar.
Los haitianos como una familia
A través de la Alcaldía de Medellín, donde Luz Jeannette trabajó por 12 años, propusieron un grupo interdisciplinario para esta misión. Fue así como se escogieron cuatro personas y por la práctica de la docente en el área de prevención de desastres e inspecciones por riesgos, le encomendaron la tarea de implementar una metodología para evaluar un grupo de la población afectada por el terremoto, para a través de Antioquia Presente, beneficiarla con un programa de vivienda.
“Muchos se regresaban a tratar de sacar elementos que les iban a servir pero no sabían que estaban exponiendo su vida, porque quizá su residencia estaba bien pero la de sus vecinos se les iba a venir encima. Además la gente es muy respetuosa de los extranjeros y muchos de ellos decían: ‘yo no entro a mí casa si un blanco no va’ porque sentían que nosotros éramos quienes podíamos decirles si la vivienda se levantaba o se podía volver a caer”, narra Mejía Chavarriaga
La profesional asegura que con las imágenes de satélite y los recorridos se pudo determinar que casi el 70 por ciento de Haití amerita una demolición. Pero si se hace un buen ordenamiento se puede recuperar con mejores características ya que el mayor problema era que la mayoría de las construcciones tenían deficiencias técnicas.
Le impactaron las historias de los que decían “no lo encuentro, no lo pude rescatar” o había otros que se veían llorando y rezando y cuando ella les preguntaba si era que se le había muerto un ser querido, contestaban: “no alguien de mí sangre, pero todos somos haitianos, por eso son mí familia”.
“Con esta experiencia ahora sé que fue el primer país negro libre en el mundo y cuando veía su bandera era como ver la de Colombia porque un pedazo de Haití está en mí corazón”, manifiesta Mejía.
“Nunca faltó la ayuda humanitaria”
De acuerdo con la eafietense, la ayuda humanitaria nunca faltó y el único lugar en donde hay desorden público es City Soleil (Puerto Príncipe) que es un barrio bastante conflictivo por problemas históricos. Cuando estuvo en el barco colombiano que llevaba todas las ayudas de la Cruz Roja Colombiana, y repartir éstas fue otra de sus misiones, vio que las personas hacían la fila, la respetaban y ninguno le quitaba nada a nadie.
Además detalla que el haitiano es una persona humilde, apacible, porque ellos han sufrido mucho, no solo por desastres naturales, sino también por problemas políticos, por eso han vivido de las donaciones y saben cómo es.
“Siempre estuvimos acompañados de personas que nos facilitaban la comunicación con los habitantes, pero la gente de Haití tiene mucha habilidad para los idiomas porque la mayoría además del inglés habla francés y en todas las familias siempre hay alguien que sabe español”, describe la profesora.
Adiós a los muertos desde distintos credos
Comenta que la situación más crítica para los haitianos es no poder enterrar a sus muertos porque para ellos este rito es vital. Cuando se cumplió un mes de la tragedia se hicieron tres días de duelo y una ceremonia con el credo de los protestantes, católicos y los pastores del Budú, para que independiente de la creencia, todos sintieran que se estaba haciendo un acto simbólico por todas las personas que se encontraron y las que aún no habían sido rescatadas.
“Con esta vivencia la lección principal que le puedo dar a mis estudiantes es que más allá de los libros y la información, lo importante es entender que cualquier actividad, arte u oficio que uno haga en cualquier momento tiene que estar disponible para darle la mano al otro, porque todo lo demás se adquiere, pero esa voluntad altruista se tiene que formar desde antes”, concluye la docente.
Además de la geóloga Luz Jeannette, en la comisión iba Jorge Iván López Jaramillo, miembro de la Cruz Roja Colombiana y especialista en atención prehospitalaria, Carlos Mario Peña Jaramillo, presidente de la Fundación Oleoductos de Colombia y Ronald Fuerst Zehetner, director de la Corporación Rescate Antioquia y en Haití fue el responsable de la logística del barco colombiano.