En la Iglesia San Martín del barrio Ancón, en La Estrella, los feligreses esperan desde hace dos meses al sacerdote Roberto Hugo Múnera, para que les oficie una misa.
Ese tiempo hace que el sacerdote está fuera de la parroquia por motivos que van, desde retiros espirituales hasta unas merecidas vacaciones, según murmura la misma comunidad.
El padre Múnera llegó al templo un 26 de abril del 2005 con feligreses de Medellín y acabó con los bazares y las empanadas para recoger fondos. Esta decisión alejó a la junta Protemplo, encargada de coordinar dichas actividades.
Luego se dio a la tarea de hacer grandes obras, pero la que supuestamente descrestaría a la comunidad era la construcción de los osarios.
Sin embargo, los recuerdos que el sacerdote le dejó a la comunidad de Ancón fueron unos huecos en la pared, que se supone iban a ser los osarios, deudas y ruinas en la casa cural.
Regina Calle, miembro de la junta Protemplo desde hace 20 años, señaló que “el padre Roberto Hugo comenzó una campaña para hacer unos osarios en la parroquia, pero lo que no entendemos es que nos cobraron y no hay osarios. Para hacerlos comenzó a desbaratar la iglesia, nos tumbó la casa parroquial, nos tumbó un salón con todas las oficinas. En estos momentos no sabemos ni de los osarios, ni de la plata, ni de nada”.
Pero la situación venía de tiempo atrás porque la comunidad notó los malos manejos del cura por medio de actitudes como convertir dinero de bolsillo lo que se recogía en las rifas para los osarios y ausencias permanentes en la parroquia, dejando como reemplazo al padre Tito, que pertenece a una arquidiócesis ecuatoriana. Por eso, “desde junio del año pasado se mandaron aproximadamente seis cartas a la Curia, pero hasta el momento nada".
Malos manejos
“Empezamos a ver malos manejos, especialmente cuando iba a tumbar la casa cural y la comunidad se opuso. Desde ese momento nos quejamos en la Curia. La semana pasada la gente empezó a quejarse porque estaban celebrando la misa a oscuras, nosotros le dijimos al vicario pero la gente del barrio ya no aguantaba más. La mayoría no sabía la magnitud de la destrucción de la casa cural”, señaló Luz Estella Escobar una de las fundadoras de la parroquia.
Para Regina en estos momentos la pérdida es total, no tanto por la plata de los osarios, sino porque destruyó la casa cural y las oficinas. Además señaló que “ni las inundaciones que hemos tenido aquí nos han dejado tantas pérdidas como las que nos dejó el padre”.
La junta Protemplo habló con el Vicario y realizó la solicitud a la Arquidiócesis para la asignación de un nuevo párroco. Al parecer, la Curia les prometió, verbalmente, porque por escrito no hay nada, que va a llegar otro sacerdote más pujante que sacará adelante la parroquia pero hasta ahora no aparece.
Para Calle lo sucedido con el padre Roberto Hugo le deja el peor sentimiento porque “yo siempre he dicho que la comunidad de Ancón es la mejor que puede tener La Estrella en cuestión de párrocos y lo digo por mi madre. Ella fue una de las benefactoras y de las que comenzó esta parroquia y nosotras las hijas le prometimos a mamá que íbamos a seguir con esto. Se murió mi mamá y se acabó la iglesia”.
Pérdidas por todos lados
Dicen los feligreses que, además de las acciones del padre Múnera, también hubo otros hechos ilícitos de una empleada que recogía las ofrendas.
“La señora que trabajaba con el sacerdote venía simplemente a recoger las ofrendas, salía con la plata sin terminar la misa y la parroquia con los servicios cortados. El sábado le hice el reclamo y no volvió”, señaló Escobar.
Para la gente del barrio Ancón fue increíble ver la iglesia sin servicios y por eso reaccionaron ante el robo de las ofrendas. “Un señor nos cobró $15 mil por reconectar los servicios. En estos momentos tenemos que mandar una carta o ir a hablar con el de Empresas Públicas, porque cómo puede ser posible que la Curia no se dé cuenta de que una iglesia está sin servicios”, aseveró Calle.
Y como si fuera poco, a la parroquia no dejan de llegar “chepitos”. Se debe plata a diestra y siniestra, dicen los feligreses.
Intento de una defensa
Aunque los habitantes de Ancón no saben nada del padre Múnera desde su desaparición, éste se comunicó ayer con EL MUNDO en un intento por salir bien librado de las acusaciones.
El sacerdote señaló que “los medios que están acusando al sacerdote de la parroquia San Martín tendrán que retractarse porque las cosas no son como las cuentan”. También aseguró que las personas del barrio que estaban proporcionando la información eran peligrosas.
Además, dejó en manos del vicario Héctor Mario Buitrago su defensa pero éste declaró que no podía dar ningún tipo de declaración porque a quien le correspondía esto era al Arzobispo de Medellín. Este diario se comunicó con monseñor Alberto Giraldo, quien no quiso hacer ningún pronunciamiento sobre el caso.
La situación actual de la iglesia es que el nuevo sacerdote que llegue no tendrá dónde vivir y en la parte en donde se encuentran los osarios no hay sino ruinas y huecos.
Lo único que la gente espera es que se nombre un sacerdote que trabaje con la comunidad, pero sobre todo “que se pueda recuperar la fe porque un muro se vuelve a reconstruir pero la fe que se ha perdido ha sido mucha. Él es de esos sacerdotes a los que se les encomienda una misa de 15 años y sale orando por el eterno descanso de un difunto”, remató Escobar.